Luna, quédate.

La luna, con su piel morena, estaba sentada a un lado del mar, peinaba su enmarañado cabello, quitaba las sobras que la corriente había dejado en sus trenzas. Su piel iba a ser partícipe de un festín y no podía esperar así, llena de arena, caracolas y con gusto a sal. Miró con nostalgia el [...]