Nubes sobre Salta

Para mantenernos a una altura considerable
tuvimos que tragarnos el orgullo
y vivir de la palabra
que teníamos en el bolsillo.
Para bajar
nos bastó el beso
del tiempo y de la ruina,
de la montaña mintiéndole a la tierra sobre la resistencia y la memoria.
Entonces te empecé a ver
y no con los ojos.
y no con la boca
Porque en el horror te mostraste a las puntas de los dedos
Te mostraste y caíste
para tocarte de nuevo los pies.

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