Reverencia a la distancia

Cuando desprendimos de la capa más profunda que alimenta la retina y recubre de nostalgia el tiempo, entendimos que somos pasajeros. No se trata de trenes, aviones, ni chatarra visual, la distancia es simplemente un adiós que vacila entre el hoy y el ayer. La distancia es irreal. Crece la espina, la caricia y el desencanto, y el mañana ya es un cuento. Entonces liberamos los dolores, los temores, los deseos y las más odiadas sensaciones, y es así como aprendemos a volar (Para después caer y volar de nuevo).

2016

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