Cartas al Naranjo VI

Los estragos amortiguan esta paz,
para que sea menos extraña
a este mundo tan lúcido y cruel.
Vienen de vez en cuando,
golpean mi cara
como un montón de tinta que no se quita
y me recuerda ante el espejo
que apenas y sobrevivo.

Y yo que busco una habitación
en la que de el sol, pero que no queme,
pero que no sea tibio,
que parezca que recién empieza el día
y nos queda la mañana entera para
entreverarnos como las hojas del sauce
cuando apenas corre la brisa
que nos viene desde el río.

El estrago, entonces,
lleva mi nombre y cae en las horas,
la tinta es el colchón y nosotros la paz
dándole un motivo más
al sol.

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