A mi Lili

Abrir la puerta, salir a buscarte entre la lluvia, pensar que te escapaste por el balcón y ahora estás mirando los pajaritos abajo del árbol del colegio, o tal vez estás tirada abajo de la ventana del vecino sin perder el estado de alerta que siempre siempre tenés. Tal vez te está por dar hambre y ganas de venir a casa al fin y maullar con todas la de la ley para hacernos saber que ya estás cansada, que querés apoyar tu cabecita en la almohada de mi silla y dormir calentita hasta que se haga de noche y otra vez de día. Pero no te vas a dormir, mejor vas a rodearme y a sacarme en cara cosas como que todavía no jugamos con las pelotitas de papel (si, maullabas un montón y te comunicabas un montón). Y quizás prefieras esperar a que me  vaya a clases, vas a seguirme hasta la esquina y vas a esperarme hasta que vuelva y a correr a mi lado. Pero no, ahora sos también un pajarito y no vas a llamar a mi puerta, porque ya te quedaste acá, en mi, por siempre. Te voy a extrañar siempre.

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