Cartas al naranjo VIII

Cuando nos callamos, nos constituimos equidistantes, en un paralelismo que a veces duele y yo, tapando el sol con los labios, padeciendo el descenso de una luna que apenas se ve desde esta ciudad. Todo se parece a un dibujito que delineé y borré con tanta fuerza que quedó marcado en el papel. Así pasa con lo que sentimos, o cuando agarramos el libro con los pies, tocando las portadas de otras ediciones como si fueran nuestras costillas y nuestra piel. Y en el epitafio las manos haciendo historia.

trayecto entre las sombras y tus hombros

Te esperé dormida en el ascenso de las olas que van desde el esternón a la espalda con la suavidad de un beso que no nos vamos a dar. Yo que te quiero a voces, que te miro las luces de los ojos, que te prefiero ausente en el dejo de este trecho silencioso.

Entonces te quiero toda la longitud de unos brazos, el recorrido de unos dedos y la discrepancia en el subtexto de esta dedicatoria de amor.

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