Felices los días, mamá

La memoria tiene cosas curiosas, como cámaras fotográficas, curiosamente atravesadas, que nos cuentan cómo y dónde pasó algo según la perspectiva de alguien más. Un testigo.

La memoria se va construyendo y así nos cuenta un poco dónde y por qué estuvimos a través de nuestra corporeidad. Gracias a la memoria analógica tengo esta primera foto de nosotros.

Yo podría decir que hace 29 años vos me esperabas y yo te esperaba, nos queríamos ver y abrir los ojos del mundo con un amor nuevo, un amor como el río más dulce, en movimiento y habitando la vida en su abrazo. Yo te quería ver a los ojos y contarte el universo que tenías en tus adentros, esa casita en la que me abrazaste todo el invierno hasta la primavera en la que nos íbamos a conocer.

Entonces pusiste tu mano sobre mi cuerpo, a través del tuyo, y me hiciste saber que ya estábamos viéndonos, que ya estábamos construyendo memoria juntas, superando las leyes del espacio/tiempo y creyendo en que, tal vez, una casa nunca iba a significar lo mismo para las dos.

Yo quería que supieras que estoy lejos tuyo pero más al lado de nadie que de vos, construyendo con esos hilitos de colores una memoria nuestra, que nos siga abrigando.

Decirte feliz día es una mentira, pero felices los días desde los que sos mi mamá. Te amo y te extraño.

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