Cartas al naranjo VI

¿Qué le pusiste al agua de esta lluvia?
Jugaste con la luz en el proceso de evaporación y volviste,
desde los tuyos a los míos,
para hacer crecer el arma más sagrada,
la raíz tornada que cruje cuando perfora la tierra.

El calor del humo de la fantasía de esta calesita, donde me subo cada tarde para respirarte el amor, me dice que no llore ni guarde pañuelitos en los bolsillos porque ya está, esta que juega y duda es la que soy.

Porque después somos una casa quemada al borde del río, donde el frío apenas llega para llevarse el ardor y vos, tan al sur de mi ventana y cantandome bajito que todo va a pasar.

Paredes que supuran con agonía la extrañeza de quererte mío y saberme tuya y morir para nacer al sol.

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