Al naranjo I

¿No te parece raro estar acá conmigo sin pretensiones reales?

Supongamos que ya es Jueves y adelantamos o atrasamos el reloj. Supongamos que tengo tu sombra entre los dedos o juego con tu pelo como si esto fuera de verdad,

como juego de niños que por primera vez salen a la plaza a enfrentarse a las hojas,
tal vez como canción que habita un oído que también se distrae porque estás vos.

/No sé quién sos, tampoco sabré quien fuiste hoy cuando sea mañana, cuando nos tomemos el café ya frío mirando por la ventana/

Pero la sombra sabe disimularte un rostro, unos zapatos gastados, un imaginario vestido, un vos que se pone de pie.

Sabés que no te toco los pasos, las heridas, las soledades, la vida.
O quizás no sepas nada.
Porque como tu sombra también está la mía, que cae rendida, en otro supuesto que no se parece (o eso creo) a mi.

Sabemos lo desconocido porque tenemos la piel curtida, el calambre en las tripas y las ganas de ser/estar.

Estar
Los dedos
Ser
el pelo

(Es horrible este garabato)
(Es terrible pero te tengo que tutear).

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