R E C H I N A N D O

Queda la soledad, la espalda vacía y el rostro desnudo.
Queda en la espera de un café frío y siniestro en medio de la mañana.
También F R Í A.
El silencio es arma de doble filo
y grita un impaciente corazón que no escucha,
no entiende, no segrega su pequeño alarido.
Queda el rechinar de la madera mal dispuesta,
esos dos pasos para cerrar el candado, el estupor,
también C E R R A D O.
El silencio es el tenedor dando vueltas en el plato vacío,
y raspa con es choque de partículas tan chocante
la culpa, el temor y el desvarío desatado.

Espera, mi amor,
te olvidaste de vos mismo.

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