C A Y E R O N G O T A S

Antes de ayer, una lagrima cayó de la montaña, una lágrima verde entre un cielo diáfano y un poco de corriente seca. Cayeron otras cosas, por ejemplo, caí yo.  Pero hay algo en ese impulso que me hizo reír. Subir y ponerse de pie para que todo desaparezca, todo nazca, todo se conecte. Nuestros ojos se buscaron y la soledad, ese agua marchita y olvidada, corrió por mis venas en libertad. Ahora es un lánguido hilo de vida entre turquesa y rojo, colores que ahora mezclo en la acuarela.

Escucho “Canapé”, entre el viento que me dice que la gente no corre en vano, ese hilito fluye hasta mi sien. Mi mente se conecta con las gotas que no siento pero que veo caer al suelo como muestra real de la tormenta que se viene. Todos desaparece, los árboles entre amarillos y marrones despegan sus alas y se entregan a la fuerza de este cielo gris. Respiro el aire limpio, puro, deshabitado de dolor, lleno de nostalgia y recuerdos de niños corriendo sobre los charcos de barro, la casa de la nona, los sauces pelándose y la chocolatada de mamá.

Cayeron gotas, como medio de transporte a otro mundo, uno existente, uno del que guardo aún el sabor, cerré los ojos y ahí estuve, bailando en otra canción.

 

 

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