Don Anselmo

Don Anselmo, un cura de 65 años que ha servido por más de 4 décadas a Dios, reside en un pequeño pueblo del centro de España. Se radica en este lugar hace ya 5 años, donde realizó varias campañas solidarias, pero que, con el paso del tiempo, se han desdibujado en su encierro: Se caracteriza por ser erudito en la teología, de hecho ha sido consultado por las autoridades episcopales en muchas ocasiones, y es tal el conocimiento que tiene, que cada vez le surgen más dudas que intenta resolver. Por esta razón, la búsqueda del saber lo ha conducido a un encierro y alejamiento que poco tienen que ver con su labor parroquial: Dar la misa, servir al hermano, etc.

El Arzobispo Carmelo, preocupado por Don Anselmo, a quien estima y respeta desde su juventud, decide darle una visita. Al llegar al pueblo, Don Anselmo sale al encuentro de su amigo Carmelo. Ambos recorren la sala privada de Don Anselmo, que está repleta de enciclopedias y papiros antiguos, planos, mapas y diferentes gafas que se ajustan para leer todo tipo de información grabada en las escrituras.

Ambos se sientan para charlar, pero Don Anselmo está más inmerso en sus libros y Carmelo no logra sacar palabras que le expliquen por qué este cambio.

DON ANSELMO

Es realmente un placer recibirlo señor Arzobispo, lamento tener que hacerlo en plena investigación… Pero verá, hay asuntos que piden perseverancia y dedicación.

CARMELO

Llámame Carmelo, Anselmo, nos conocemos hace tiempo, creo que podemos conversar sin tanta pomposidad ¿No? ¿Cómo has estado?

DON ANSELMO

A cada cosa su nombre, estimado arzobispo. La verdad es que he avanzado mucho con las lecturas que me propuse, y en sí, pues he dormido muy poco, verá, pero con un poco de agua, pan y algunas caminatas, el oxígeno llega a mi mente y me permite explorar mejor la gracia de Dios.

CARMELO

Qué bien amigo, pero me refería a tu persona, tu espíritu… La gente de la comunidad dice…

Carmelo tira unos papeles que hay a su costado y estos casi se queman por unas velas encendidas en el suelo. Anselmo los recoge rápidamente.

ANSELMO

¿Puedes tener más cuidado por favor? Disculpe ¿Podría? Correré estos mapas, venga, su excelencia, acompáñeme a la explanada de la parroquia, allí estaremos mejor.

CARMELO

Como le decía, en la comunidad dicen que se lo ve muy poco…

ANSELMO

Todo crecimiento conlleva su sacrificio, a veces se renuncia a algunas cosas para dejar emanar otras. Es una apuesta, verá, una firme apuesta. Además, rumores son rumores y no hacen más que sembrar desestabilidad, don arzobispo.

Un silencio irrumpe entre ambos, Anselmo se muestra poco interesado en dialogar.

CARMELO

Y a su familia ¿Ve a sus hermanos?

ANSELMO

A veces nos cruzamos por algún local, pero sabe que prefiero quedarme en casa… y me temo que esta página ya la he leído.

Ambos se miran incómodamente y Anselmo regresa a sus libros. Carmelo se pone nervioso e interrumpe la lectura de forma torpe.

CARMELO

¿Le gustaría confesarse Anselmo? ¿Hace cuánto que no lo hace?

ANSELMO

Emmm, no lo sé. Tal vez tengo algunas cosas de las que arrepentirme…

AMBOS se persignan y comienza la confesión.

ANSELMO

Verá, padre Carmelo, comúnmente no cometo faltas, salvo la del conocimiento. Aunque pensándolo bien, si tengo algo que decir. Me arrepiento del temor que tengo a Dios.

CARMELO

¿Temor?

ANSELMO

Si, sólo Él, omnipotente y omnipresente, es capaz de conocer los secretos más profundos que albergan en mí, y temo a eso, es curioso y a la vez aterrador, pero la verdad es que no tengo por qué temer.

CARMELO

Ya Anselmo, el temor de Dios es un don, no tienes por qué preocuparte.

ANSELMO (Con el ceño fruncido)

Temor de Dios: “Miedo reverencial y respetuoso que un cristiano debe a Dios” de acuerdo al catesismo. Prosigo “El temor de Dios es uno de los dones del Espíritu Santo” ¿Qué tiene que ver esto con lo que digo?, con todo respeto señor Arzobispo, claro, pero estimo que me malinterpreta.

 Pensándolo bien, dudo que sepa a lo que me refiero, con todo respeto, pero tras estudiar todas las variables, entiendo que Dios, y sólo Él, puede conocerme en todos mis sentidos, entonces ¿Cómo puedo hacer para ser perfecto y que no encuentre en mi las miserias humanas? ¿Cómo puedo ahondar en sus maravillas para que encuentre paz y estabilidad en mi mente?

CARMELO irrumpe en la conversación

Todos somos imperfectos y está en nuestra naturaleza, pero Dios lo sabe

Anselmo se muestra cada vez más cerrado y expone sus conocimientos estudiados en torno a la imperfección de la raza humana mientras consulta a sus libros.

ANSELMO

En realidad me arrepiento de temer porque, entiendo, yo no tendría por qué sentirme culpable ante él ¿O sí? Al ver tu rostro, tu kinesis, puedo sostener no me has entendido Corrijo: Que no me entendió, su santidad. Si en mi mente sólo habita la sabiduría, Dios encontrará en mi un aliado, no un pecador.

Tal vez seamos eso, aliados de Dios, y no sus hijos. Pero verá, la omnipotencia de Dios me asustaba hasta que entendí que es lógicamente contradictoria, partiendo de una premisa ¿Puede Dios crear una roca tan grande que no pueda levantarla? Si Dios es todopoderoso, ¿podría crear un ser más poderoso que él? ¿Podría crear las claves para entenderlo? Del mismo modo, un dios omnipotente que deseara saber la posición de todos los átomos en el universo a lo largo de sus 14 mil millones de años de historia, así como su futuro infinito, debería poseer una memoria más grande que el conjunto infinito de estados posibles en el universo actual.

Creo que esto resulta, emm ¿Cuál sería la palabra? Paradójico, sí, eso mismo. Esto puedo sostenerlo, claro, en investigaciones metafísicas, empíricas, gnoselógicas, antropológicas, filosóficas (Mientras revisa sus anotaciones)

Carmelo trata de responder a esta respuesta, pero Anselmo lo ignora, se pone de pie y pasea por la explanada.

ANSELMO

Es que en definitiva todo esto tiene una explicación, ha de tenerla, no dejo de pensar en que realmente fue absurdo temerle, si Él es realmente omnipotente, no me haría tomar esta ruta, me guiaría por su camino, pero es que en verdad no me conoce. Y si no es todo poderoso ¿Es dios? En el pasado, antes de que entendiéramos la ciencia, era lógico pensar que Dios creó el universo. Pero ahora la ciencia ofrece una explicación más convincente. El mismo Stephen Hawking lo dijo ¿Ve? Aquí está el periódico donde publicaron su investigación resumida.

En definitiva, no hay ningún aspecto de la realidad fuera del alcance de la mente humana y, al ser así, todos somos capaces de entender y conocer lo que Dios quiere ¿No? Si él no lo quisiera, no habría inventado el conocimiento ¿O se le fue de las manos? Quizás no exista, no he tenido pruebas de él, en la comunidad nadie sale a buscarme, nadie me pregunta cómo me encuentro. Perdón su eminencia, aunque… Déjeme ver, si Dios pierde crédito, usted también. Ay, esta absurda falacia que me ha vuelto loco noches enteras, libros y libros y finalmente lo entiendo, por una simple charla, aquí está la razón, el motivo, Dios ¿Existe? Le temo a alguien que es incapaz de probarme su existencia… Si es así, me arrepiento por las bases más sagradas de mis conocimientos. Otro pecado ¡Creer sin fundamentos! Claro ¿Cómo podría conocerme él? Nunca me habló, nunca me escuchó, nunca estuvo conmigo, entonces su conocimiento carece de virtud. Tal vez debería anotar todo esto, para que ningún otro idiota caiga. Dios no existe, y si lo hizo, murió hace tiempo.

Carmelo intenta calmarlo pero Anselmo se niega a escucharlo. Enojado y frustrado por el tiempo perdido, termina su confesión.

ANSELMO

Hasta aquí llegué, y si Dios no existe, no tengo por qué darte explicaciones, Carmelo.

Anselmo se retira dejando en soledad a Carmelo, que inerte lo observa partir, de él sólo quedaron los libros.

Relato escrito con Álvaro Robles García.

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