Jardín de gente

“Un collage de la depredación humana” (L. A. Spinetta)

 

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Tengo el color de las ruinas, el beso del viento, lo que encierra la tierra en sus adentros, tengo el regocijar del tiempo, la tela arrugada, la sonrisa a media asta.

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Tengo las raíces de lana, el vidrio atravesado, el calor del invierno, ese que siempre improvisamos.

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Tengo la sombra imperfecta, el trazo grueso, el sabor de las heridas metido hasta los huesos. Tengo el color de la ciruela, el deambular de los enfermos, los autos, los edificios, el mate y el termo.

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Mirá que hay espacio en esta cama.

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Acercate que no muerdo, acercate pequeño anhelo.

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El dolor, la belleza, las emociones y los sentidos, la fe. La soledad. Nos cansamos, nos pudrimos en esa atascada corazonada que nos ahoga hasta que al fin gritamos, nos liberamos. Estos son sólo motivos que imperan en una acción cotidiana como es la de llorar, besar, levantar una flor. Un jardín gigante y prolífero, pero que se autodestruye si empieza a buscar en su caos la perfección.

Tengo trozos que laten entre vida, la vida de hojas que hacen fondo blanco entre un lienzo gastado, un poco de rastro de otoño y vejez, el mundo cuesta.  El paraíso está en eso pequeño que encontramos latiendo entre los yuyos, lo que damos por eterno e insignificante. Miralos, tienen más color que la taza de café que tomas para sobrevivir a la mañana. Bebetelos, están ahí para darte su esencia, no seas egoísta, mirá que hay detalles que se ocultan sólo para darte un motivo al día.

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