Capítulo 7: Lucía entre todas

Te sentís aislada en una cama llena de arrugas.

                                                          Se levanta el pasajero que iba a tu lado. 

Te sentís aislada en una cama llena de arrugas.

Cerré los ojos y todo se volvió blanco, como esos fundidos en las películas antiguas, los comienzos de los sueños que claramente diferencias de la realidad.

Dos pasillos enormes cubiertos de cristales y una música que parecía salida de copas finas bordeadas por otros dedos. Eran todas distintas. Perfectas. Cabellos largos, sonrisas brillantes, kilos de maquillaje. Olían mejor que yo, lucían mejor.

La gente pasaba y él los miraba, los atendía con los ojos bien abiertos dejando salir el humo que a su cuerpo no pertenece, pero que hace suyo.

La gente pasa y él es más de ellos que mío, como si pudiera elegir donde estar a la vez que mi soledad se niega a buscarlo.

Mujer que lloras en tu interior, sentada a la intemperie

intacta, pura y silenciosa.

El viento te acaricia y deseas que sean sus manos.

Tus puños cerrados, y la angustia abrazándote,

más allá de cualquier rincón de risas,

caminando a la deriva, con sueños profundos

tirados como piedras al rio, que corre sobre tu siesta

y que olvidas en tu colchón.

Laguna, solo en tus ojos existen 2 lunas,

solo a través de tus labios conocen tu tibieza.

Buscando morir al ruido,

nacer entre retazos,

en ese mundo donde todo cae en purpurina.

Incesante, con ganas de gritarle a la realidad.

pero se queda sin voz.

Todos ellos piensan conocerla,

todos ellos miran su perfección,

solo ella sabe que su vida es un desconocido.

mujer que pasa como el tiempo

pero deja su rastro…

mujer que llora y que ríe,

pero ya no corre tras el tren.

 

La gente pasa y él las mira. Y yo intento ser silencio para ocultar el dolor.
La gente pasa. Yo ya no paso.

Guardé con melancolía los trozos de una estación completa en Granada, hice las maletas con la idea de comenzar de nuevo, la gente pasaba y yo no los miraba.

Y me faltas, y te echo de menos, y te busco donde no hay espacios llenos, catarsis amontonadas entre hojas de doble cara. Los busco y no te miro, porque estás ahí, lejos.

 

Se levanta el pasajero que iba a tu lado.

Sobre la foto: Reflejo de Toledo, 2017.

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