Capítulo 5: Eclipse de miel y café

Impactó sobre la superficie de mi tranquila mañana,

Movió todas las partículas que a su camino encontraba,

Dorado néctar que perforaba la oscuridad hasta el fondo,

De mis cristales, de los que hoy son míos.

Se teje en pesadas gotas de sensaciones,

Haciéndose un hueco en mi interior.

Entonces nos mezclamos y el horizonte deja de serlo,

Deja de parecerlo.

Me cambias, me tocas, me mueves.

Mutamos,

Desafiamos al especio y al espeso sabor del trago,

Al amargo despertar de los desvelados,

Con sabor dulce de dos amantes que se besan acostados.

A menudo me encuentro sola en una taza de “formas de amar” que nadie (al menos de los presentes en mi vida), supo naufragar. Es como si las palabras cayeran, de a una al enorme vacío que abrazo, ese vacío que me niego a soltar, me niego porque sé que no está mal. Habrá un lugar y una persona que sepa entenderlo, también corresponderlo, pero no, no es hoy, ni mañana. Me parece que las promesas se van tan rápido como las palomas cuando te asomás a ellas. Vuelan y huyen, dejando el espacio en ausencia, como si jamás hubieran existido.

El café está frío, él duerme en un sofá que parece ser nuestro, tiene algo de su esencia y algo de la mía. No duerme, piensa, naufraga, quizás entre líneas de colores y tinta china, quizás piense en otra, en una hoja, en una vida que no tiene, o en mí. La guitarra flamenca suena de aquí a 3 pisos hacia abajo ¿Tanto le cuesta verme amar? ¿Tanto problema le resulta contemplarme? Oh, si supiera lo que lo contemplo todas las mañanas, cuando abnegado a despertar da mil vueltas entre las sábanas.

Tomo el frío sorbo de café entre mi paladar y mi lengua, no lo dejo ir, quizás de eso se trate del sabor. La duración, el lugar, los sonidos, el humo y el vibrar, todos pasan, todos se van, pero al menos te dejan una marca en forma de S E N S A S I Ó N.

Apago el cigarro que no encendí y que ya moría a mi lado, tomo el tarro de miel que está guardado en la alacena, derramo en este café recalentado para dejar que, una vez más, me eclipse a él.

Sobre la foto: Camino a Sacromonte, 2017.

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