Capítulo 3: La historia de un abrazo

A un alma bonita que supo abrazar

Los veo a través de la ventanilla, los veo frente a mí, en aquel lugar que estoy por dejar.

Esta es la historia de un abrazo, uno de esos que tienen nombre y apellido y que extraña vez coinciden con tu circunstancia y/o respiración actual. Esta es la historia de un choque de cuerpos que no termino en beso como hubiéramos imaginado, de un entrevero sin fin de moléculas compartidas, un poco de magia otorgada sin medida ni razón. La chica estaba en aquel lugar tan ajeno como suyo, suyo desde aquella noche.

El chico estaba en sus cabales más que nunca y los cordones de sus zapatillas señalaban que el vino no había sido suficiente, aún. Entonces sus historias se mezclaron como ya había sucedido antes y ella, estoy absolutamente segura, no lo imagino. Este abrazo abrió sus alas cuando él entró a su corazón tan lastimado, abrió las puertas de la jaula y lo dejó volar. De repente aquel lugar tan público era una cama profunda, una historia repetida y un himno a sus inocencias tan pensadas.

Esta es la historia de un abrazo que sonó tan fuerte como sus dedos entrando a la piel através de la ropa. Esta es la historia de un encuentro que no tuvo fin, no tuvo canción, tuvo silencio. Un big bang. Un chasquido de dedos. Un te quiero disfrazado. Doy fe de que en ese momento la chica no lo tenía nada claro pero que bastaron dos segundos para empezar a sanar. Aquel era su lugar.

Aquellos abrazos no eran suyos.

Una ecuación sin incógnita, una X que tenía nombre, hora y ubicación. Entonces se desprendió como una melodía de su “Aquí y ahora” para viajar lejos, muy lejos, en aquel profundo mar.

Sobre la foto: Tomada en la Alcaicería de Granada en vísperas de las Navidades del 2012.

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